UNA NOTA PARA MI MADRE Por: Gloria Dávila

— ¡¡¡No tolero más!!!
— ¡Por qué me dice eso Maestra?
— ¡Cómo, qué y por qué? ¿Todavía preguntas…?
Margarita, bajó la cabeza y sintiéndose humillada, lloraba, casi en silencio, se preguntaba el por qué, mientras algunas niñas reían, otras se quedaban inmóviles: La maestra continuaba gritando, y golpeándole, esos golpes no decían nada para ella pues eran físicos y podrían curarse, pero las del alma, quién se las curaría?. Aquella regla se quebró sobre su cabecita menuda.
— ¡Ah!, ¿y todavía te atreves a llorar…? lleva ésta papeleta a la Dirección, de una vez…!
Ella cogió la hoja de papel que la maestra le extendió y sin responder más, emprendió retirada, no pudiendo descifrar lo escrito, pues sus lagrimas nublaban la visión e impedían descifrar aquellas palabras.
Ella trabajaba vendiendo porongos (pequeñas vasijas de barro cocido en el horno)en el mercado, venidos de Piura, de donde era su padre, hasta muy entrada la noche y casi no disponía de tiempo para hacer las tareas, y es que aquella y las otros días, mamá no volverìa a casa, la tuberculosis se la llevó y desde hacía dos años atrás, ella era la madre de sus tres hermanitos de 4, 5 y 6 años, hacer los alimentos y trabajar era mucho para una niña de 10 años y su padre casi no venía a verlos, pues casi todo el día trabajaba como cargador desde muy de madrugada, igual que Hilda en el mercado mayorista de la Parada.
— ¡Esta es una torpe…, ya me tiene harta, ya no sé que hacer con esa, es un bruta y encima de todo viene hecho un asco…!
Fue lo último que alcanzó a oír. Mientras que sus compañeras de aula hurgaban con la mirada a través de las ventanas que daban al amplio pasillo que conducía a la escalera y aquella a la Dirección de la escuelita. Aquellas miradas eran totalmente inquisidoras, le ardía el cuerpo como en un horno de panes.
— Señora Directora…, soy alumna del 4to. A y tengo este documento para usted…, me la envía la maestra Brenda Guido.
— ¿Cómo dijo niña?
Doña Catalina Román, aguzo la mirada para enterarse del contenido.
— ¡Cómo, qué es esto? ¿Qué es lo que hiciste niña?
Margarita no respondía, en silencio lloraba desconsoladamente.
— ¡Debes traer a tu madre..,es eso lo que dice en esta nota!
— Mi madre, no vendrá...
— ¿Porque no vendrá?, tiene que venir, de lo contrario no podrás ingresar al aula.
— Le dije que mi madre, no podrá venir, pues está ausente, nos dejó, hace dos años, y nunca más volverá.
En ese instante la profesora Clelia dio un golpe a la carpeta y la trajo a la realidad.
— ¡Muchachita…! ¿qué, estabas soñando…?
Maigui, no respondió, enjugó sus lágrimas…
— Niña mía, Dios mío, ¿te quedaste pensativa, o dormias en la carpeta, mientras yo transcribía estas calificaciones…?, pero, vamos que pronto el recreo acabará y yo quiero tomar una gaseosa y comer un cake contigo.
La Nota, cuento del libro “La maestra” (inédito) de Gloria Dávila
