Odiseas del verbo, por Gloria Davila, del Libro Historia de Jóvenes (inédita)
ODISEAS DEL VERBO
Por: Gloria Davila

Hoy..., después de oír al padre Joaquín y tía Cata, ¡¡¡juro que no volveré a hacerlo jamás, nunca más!!!
Aquel verano del 57 será inolvidabe, cursaba aún el quinto año de primaria y cumplir 11 años era para mí y para mis padres ya una odisea, de no ser porque mi tía Catalina se lo pidiera al padre para ser su monaguillo, hoy seria un galeno, pues mis constantes enfermedades, me llevaron a reflexionar al respecto, pero tìa Cata decidió por mi...
En aquel pequeño poblado llamado Taulligan, en donde naci y vivi casi toda mi existencia, todo los niños de mi edad merodeaban cerca de la parroquia en busca del padre Joaquín, por los favores que recibían sus familias de las limosnas que el pueblo entrega en misa, ofrenda que yo recogía cada vez que me daban el bolso.
¡¡¡Hurtar!!! eso no lo había pensado, sino hasta que que llegara desde la ciudad de Lima, un niño muy bien adiestrado para las majaderías, su nombre, Reinaldo, pese a ser hijo del nuevo maestro de la escuela distaba mucho de ser su vástago.
Habíamos planeado paseos con el Padre Joaquín, quien nos prometió un retiro a Huachipa, y por aquel ofrecimiento más y más niños y niñas se inscribían en la catequesis. Y entre ellas Claudia, una niña de ojos color de ébano, cuyas manos eran un lienzo de seda fina entre mis manos. Al llegar, le barrí de ojos y quizá ni supiera que aquellos latigazos de ojos fieros, ya tenían dueño. Sus zapatitos color perla hacían una fiesta en su caminar, no supe cómo, pero ella confiaba en Reinaldo a quien yo fui aborreciendo poco a poco porque me restaba oportunidad para decirle, cuan bella era Claudia.
Por las noches corría a mi habitación para estar a solas y poder ensayar palabras que al rayar el día se losa haría saber, sin embargo sólo eran frases ensayadas y en la praxis, nada, pues Ray como se hacia llamar, aquel gran embustero, acaparaba la atención de mi musa que hasta ahora fue la niña más bella que mis pupilas habrían apreciado y admirado.
Esa misma tarde, tendría lugar la ocasión que estuve esperando, pero encontré a ambos en silencio mirándose a los ojos, al llegar yo, Claudia mostró cierto nerviosismo, la que me hizo sospechar que hay había entre ellos. ¡Sorpresa…!, dije en voz alta a fin que notaran mi presencia, ella permaneció callada, vi entonces los ojos de Ray, aquel brillo era muy conocido por mi…¿Será que ella le ama?, le pregunté a mis razonamientos, La verdad es que todos , ya lo habían notado pero incursionar en ese mundo fantástico del espionaje, aquel que yo había soñado, pero el amor que sentía era parte de mis sentimientos silenciosos, secreto que lo llevaría a la tumba pues aquella historietas fantásticas pasarían a ser sólo eso, historias.
Para aquella jovencita y a ojo de buen cubero, yo, no existía, fue allí que pensé que el dinero de las ofrendas podría contribuir en algo para conquistarla. ¡¡¡Llevarle rosas quizás…!!!
Por esos tiempos, al poblado había llegado un circo, uno que dijo ser el más promocionado por cierto en aquella época no había mas que una emisora de radio en la que mi padre enviaba sus artículos en quechua para ser leídos, recuerdo que sus nombre era Radio Ondas del Huallaga, sin embargo supuse que esa seria otra estupenda idea para enviar mensajes de amor a través de mi padre, aunque lo dudaba mucho, habría que intentarlo sin embargo otra gran oportunidad seria invitarla al circo, mientras los niños asistían a la catequesis para hablar de Dios, yo planeaba y replaneaba la forma cómo abordarla, por fin , allí estaba la fórmula…
Minutos después llegaba Claudia, respiraba agitada por el cansancio, aquella tarde fue intensa para mí también, primero mis planes, luego la ejecución y allí estaba, aunque con una cantidad inmensa de adrenalina entre mis torrentes sanguíneos para derrocharla, pero allí estábamos ahora, frente a frente al lado de los platillos de hostias…
Continuará...
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Corumbá, Brasil 2006
Odiseas del Verbo (inèdito)
Libro, Historias de jóvenes de: Gloria Davila
